La medida

Después de un buen tiempo de no escribir en este pequeño espacio, ahora regreso, no por que sea una fecha especial o un motivo en particular, simplemente porque quiero compartirles una pequeña historia…

 

 

En el reino de Cheng un hombre decidió comprar un par de zapatos nuevos. Se midió el pie, pero olvidó la medida en casa y se fue al mercado sin ella. Allá encontró al zapatero. “¡Oh!, me olvidé de traer la medida”, dijo, y presuroso regresó a su casa. Cuando volvió al mercado, la feria se había terminado y no pudo comprar los zapatos. “¿Por qué no se los probó?”, le preguntó uno de sus vecinos. “Me fío más de la regla”, respondió.

No pierdas las oportunidades por racionalizarlo todo…tal vez no vuenvan a suceder, quizá si pero de una forma diferente que probablemente no sean las que estabas esperando…Actúa por el placer de actuar y no por lo que ésta acción puede hacerte ganar.

 

 Sirexana

Anuncios

Moviendo las Montañas…

 

En esta ocasión les  contaré un cuento que en lo personal me gustó mucho y que habla de lo que las personas podemos hacer cuando tenemos fuerza de voluntad para hacerlo, o aún mejor, cuando el motivo es mayor para lograrlo…

 

Había dos tribus guerreras en los Andes, una que vivía en el valle y otra en lo mas alto de las montañas. Un día los habitantes de las montañas invadieron las tierras del valle y, como parte del saqueo, raptaron a un bebe de una de las familias del valle.

Los habitantes del valle no sabían como subir a la cima de la montaña. No conocían los senderos que utilizan los habitantes de ese lugar, ni sabían donde encontrarlos o como perseguirlos en el escarpado terreno.

Aun así enviaron a sus mejores guerreros a escalar la montaña y traer al bebe de regreso.

Los hombres ensayaron un método de escalar y luego otro. Probaron una trocha y luego otra. Sin embargo, después de varios días de esfuerzos solo habían conseguido avanzar unos pocos metros.

Desesperanzados e impotentes, los hombres del valle decidieron que su causa estaba perdida y se prepararon para regresar a su aldea.

Mientras empacaban su equipos para descender, vieron a la madre del bebe que bajaba de la montaña y llevaba a su bebe a la espalda. ¿Como era posible?.

Uno de los hombres saludó y le dijo: “Como pudiste escalar esta montaña si nosotros, los hombres mas fuertes y capaces de la aldea no lo conseguimos?”

Se encogió de hombros y respondió: “Es que el bebe no era tuyo”…

 

Jim Stovall, “Sopa de Pollo para el Alma de la Madre”

Sirexana

Un punto de vista distinto

 

¿Qué es lo bueno?, ¿Qué es lo malo?…con éstas dos preguntas inicio esta entrada.

Cada ser viviente tienen una distinta forma de ver las cosas, todo depende de cómo las miramos. Claro que ser parecido no es ser iguales, nuestra esencial diferencia es lo que nos distingue. Es cierto que todos vivimos en la misma realidad pero no en el mismo mundo mental, vivimos dándole a las cosas y a los hechos significados muchas veces opuestos a los de los demás. A  lo que en la lectura de algunas letras, me encontré con un pequeño chiste a manera de reflexión pero muy cercano a lo que escribo en estas líneas.

 

Una niña le dice a su madre:

-Mamá, por favor, dame dos pesos para un pobre señor que esta gritando en la calle…

– Por supuesto -responde la madre-. ¿Qué es lo que grita ese pobre señor?

-Grita: ¡Helados! ¡Dos sabores, dos pesos!

 

Espero que te haya gustado. Recuerda que las cosas pasan por una razón muy valiosa y que tarde o temprano notaras los resultados, todo depende de qué lado los veas…

Sirexana

 

Desear volar

 

-¿Por qué los humanos no tienen alas, mamá?
-Porque sin tener que levantar los pies del suelo, Dios ya nos dio el don de volar con la imaginación, incluso más lejos que las aves y los aviones…
-¿Muy lejos, mami?
-Sí, incluso hasta mundos que no han existido jamás, porque da por cierto, hijita querida, que imaginar es crear.

Carmen Sol

Sirexana

El silencio de las sirenas…

Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente.

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las encantadoras seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.

Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él.

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises…

Sirexana

Todo es para Bien….

 

 

En una pequeña y pacífica aldea, vive un viejo sabio. Un día, de pronto, todas las gallinas caen muertas. Entonces los aldeanos van a ver al viejo y le preguntan:
-¿Qué dice usted de esto, es una maldición?
-No -responde el sabio- es algo bendito. No puedo decirles por qué, pero es para nuestro bien.
Los aldeanos se van refunfuñando que el sabio ya envejeció demasiado…. Al día siguiente todos los perros se desploman, paralizados.. Los aldeanos regresan donde el sabio.
-¿Y ahora, díganos, esto es bueno o es malo?
-¡Es bueno!
Al tercer día, todos los fuegos se apagan. No funcionan las cocinas, ni los hornos para el pan, ni las calefacciones, no pueden encender una antorcha. Corren otra vez a la choza del sabio.
-¡Ahora sí que es verdaderamente una maldición!
-¡No, es para nuestro bien!
– ¿Cómo puede decir que es bueno que nuestras gallinas mueran, los perros se paralizen y los fuegos se apaguen? ¡Se ha vuelto loco, ya no creemos en usted!

En ese momento una banda de feroces bandidos pasa cerca de la aldea. Todos los aldeanos se aterran pensando que serán robados y degollados. Se ocultan reteniendo lo más que pueden su respiración. Pero el jefe de esos ladrones observa las calles vacías y dice: “No hay gallinas, no hay perros, no sale humo de las chimeneas, aquí no vive nadie. Vámonos”…. Y es así como los aldeanos se salvan de una muerte segura.

A veces nos suceden cosas que sentimos como una catástrofe. Sin embargo, cuando tienes una gran pérdida, el mundo te da un bien que no esperabas. La perdida y lo obtenido se equilibran. Pero, si no estás en la vía espiritual, todo lo que te sucede te parece totalmente nefasto, a semejanza de los aldeanos del cuento. Si te privan de algo, pregúntate si no eres tú quien ha provocado esto, y dite que quizás eso sea para tu bien.

Sirexana

¿Cómo creo Dios a la mujer?

Mujer. Pierre Auguster Renoir  81x 66cm

Al principio del mundo, cuando Dios decidió crear a la mujer, encontró que había agotado todos los materiales disponibles sólidos en el hombre y no tenía más de que disponer.

Ante este dilema y después de una profunda meditación, hizo esto: tomó la redondez de la luna, las suaves curvas de las olas, la tierna adhesión de la enredadera, el trémulo movimiento de las hojas, la esbeltez de la palmera, el tinte delicado de las flores, la amorosa mirada del ciervo, la alegría del rayo del sol y las gotas del llanto de las nubes, la inconstancia del viento y la fidelidad del perro, la timidez de la tórtola y la vanidad del pavo real, la suavidad de la pluma del cisne y la dureza del diamante, la dulzura de la paloma y la crueldad del tigre, el ardor del fuego y la frialdad de la nieve, mezcló tan desiguales ingredientes, formó a la mujer y se la dio al hombre.

Después de una semana vino el hombre y le dijo: Señor te vengo a devolver a la criatura que me diste me hace desdichado, quiere toda mi atención, nunca me deja solo, charla incesantemente, llora sin motivo, se divierte en hacerme sufrir y vengo a devolvértela porque no puedo vivir con ella.

Bien contestó Dios y tomó a la mujer.

Paso otra semana volvió el hombre y le dijo: Señor me encuentro muy solo desde que te devolví a la criatura que hiciste para mi, ella cantaba y jugaba a mi lado, me miraba con ternura y su mirada era una caricia. Reía y su risa era música, era hermosa a la vista y suave al tacto. Dámela porque no puedo vivir sin ella…

Colaboración de Wendy Serrano
México

Sirexana

A %d blogueros les gusta esto: