Esperando

Con velo rodeando su cabeza, aquella desconocida recorre los caminos más desconocidos que jamás se hubiera imaginado, buscando aquella verdad que le dijera cuánto ha perdido y cuánto ha ganado y el motivo de su andar. Serenamente se sentó en una piedra a meditar y reconocer que ya no regresaría ese pasado extrañado pues de tanto buscarlo se le fue de las manos por querer tener un futuro mejor. Sin más se levantó y siguió caminando, pero ahora buscando ese futuro prometido que le dijera cómo olvidar al cruel pasado que la abandonó.

Sirexana

El virus

Mujer rezando, acuarela sobre papel, 2008.

Santa Madre de Dios, cúrame a este niño. Anda siempre por el aire, nunca quiere tocar tierra. Flota en la casa como un globo, lo que es molesto para las visitas porque en cualquier momento puede orinarles el sombrero o mancharles la ropa con algo peor. Hace milagros idiotas: multiplica las arañas y las ratas. Además huele a rayos porque es imposible bañarlo: no quiere entrar en el agua e insiste en quedarse de pie sobre su superficie. Ayer volvió a la vida a un pollo asado. Sin plumas ni cabeza, ahora anda por ahí tropezando entre los muebles, perseguido por los gatos. ¡Hazlo normal, Virgen adorada, para que ya no le devuelva la vista a tanto hombre lúbrico! Esos que fueron ciegos pegan sus nuevos ojos saltones a los vidrios de mi ventana, dándose placeres manuales cuando en la noche me quito las enaguas. También, al quejarnos de la sequía, nos hizo llover sobre las salinas. Y lo que es peor, Madre Inmaculada, durante la comunión convirtió las ostias en chorizo para que alimentaran a los patipelados. ¡Por favor cúralo, Virgencita buena, límpiamelo del virus de la santidad!

¿Y si Adán hubiera deseado a la serpiente?

Pintura: Franz von Stuck. Adan y Eva

“Adán deseó la manzana solo porque estaba prohibida; el error fue no prohibirle la serpiente, porque entonces se la habría comido”

Mark Twain (1835-1910)

El tiempo…tu regalo

Sin pensar mis manos actuaron, sin estar de pronto ahí me encontré y sin mirar de pronto estaba observando, ¿qué puede ser más grande que un regalo especial pueda hacer recordar, sentir, amar?…tan solo sigue mis pasos que al final del camino me encontrarás o quizá ya sea demasiado tarde y esté a tu lado dibujando la silueta que complementa la tuya, aunque dentro de todo ese misterioso y enigmático destino pueda ser que el aire recorra tu cuerpo, te incite a cerrar los ojos para sentir un susurro suave que al caminar se va desvaneciendo con el claro sol, quizá frente a ti te encuentres a la hoja volando de aquel árbol y que entre juegos te insinúe coquétamente que la tomes entre tus manos y no la dejes ir, que en ese instante, tal ves en ese solo instante pueda ser el complemento de todo un tiempo, abraza a esa gota de lluvia que recorre tu cuello, siente como se absorbe en tu piel para quedarse en ti para siempre y festejar año con año el haberte encontrado…

Sirexana

De entre tus recuerdos

De mi alma cae clavado el sendero de tu encuentro con el que me hipnotizo al ver la mirada perdida del que va dejando huella y rastro de tu insólita piel en donde descubro cada instante que eres de noche y de día, en donde descubres que cada momento se muestra frente a ti y que como relámpago ha pasado sin saber en donde ni cuando ha sido pasado de tus besos y de los míos, con qué virtud descubro que estas aquí conmigo a mi lado pero solo en mis recuerdo cual ave fénix se transforma en un simple y solitario deseo…

Sirexana

La mujer perfecta

 

Pintura:Susana Weingast. Desilucion-18×25-tnica mixta

 

En una playa perdida junto al mar Caribe, un indígena vivía de la pesca. En las noches, solitario, mirando la luna, se preguntaba: “¿Por qué no tengo una mujer como los otros. Quiero una compañera simple y a la vez brillante. La quiero humana y también diosa. Deseo que en la noche oscura ilumine mi camino”. Para pasar el tiempo, plantó sandías. Crecieron enormes. Las cargó en su burro y fue a venderlas al mercado de un pueblo. A mediodía llegó un hombre moreno acompañado de una extraña mujer: a pesar de ser joven, sus cabellos eran plateados. El indígena exclamó, admirado: “¡Raro es el cabello de tu mujer!” El moreno le respondió: “Más extraño su corazón, porque también es plateado”. El indígena le preguntó: “¿Dónde nacen mujeres tan maravillosas?”. El otro le dijo: “En un pueblo de brujos, detrás de las montañas. El que se casa con una de ellas alcanza la paz, el amor, la sabiduría, la prosperidad”. Y no quiso decir más. El indígena exclamó: “¡Encontraré una mujer así!”. Y abandonando su burro y sus sandías fue a las montañas. Escaló, bajó, atravesó valles, bosques, desiertos, miles de aldeas. Buscó durante años. Le creció el cabello, la barba, se cubrió de harapos, adquirió expresión de loco. Los campesinos se rieron de él. “¡Ja, ja, busca una mujer con el corazón plateado!”. Nunca la encontró.   Decepcionado, volvió a su playa para vivir desnudo comiendo sólo almejas. Un día vio bajar a una mujer por el cerro. ¡Tenía la cabellera plateada! Cuando llegó junto a él, le dijo: “Me envían los brujos porque lo has dejado todo por mí. Te pertenezco.” El gruñó: “No creo que tus cabellos sean reales: te los has pintado. ¡Y tu corazón ha de ser rojo! ¡Te desenmascararé!” Bruscamente le hundió un cuchillo entre los senos para abrir un surco y extraerle el corazón. ¡Era plateado! Gritó: “¡He recuperado la fe! ¡Lograré por fin la paz, el amor, la sabiduría y la prosperidad!” Pero ya era tarde, la mujer estaba muerta.

Llegas hasta donde llega tu fe.

Narcisa y la Bestia

 

Ningún pretendiente era lo suficientemente hermoso para ella. Una noche un poeta de aspecto horrible se pegó un espejo en la cara y fue a declamar ante su balcón. La bella descorrió la cortina a regañadientes. No escuchó el delicado poema pero vio su imagen en la máscara plateada. “Eres el hombre que he estado esperando. Tu belleza me subyuga. Llévame contigo, por favor”, le rogó. “Sólo si sacrificas tus ojos te hago mía”, le respondió él. La virgen, sin vacilar, hundió las uñas en sus pupilas. El monstruo se despegó el espejo de la cara y pudo por fin besarla.


A %d blogueros les gusta esto: